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domingo, 13 de enero de 2013

Concierto para violín y orquesta en Mi menor - Felix Mendelssohn Bartholdy



Ohh, yessss!!! el primer concierto para violín que voy a reseñar, y para ser violinista yo, ya estaba tardando.

Bueno, para ser sincero, luego de haber leído lo que dijo el producer en ese capítulo de ese manga de Idolm@ster, me quedé más nervioso que otra cosa. La principal preocupación era esta: ¿qué demonios voy a escribir?  Digo, el tío no se ubicaba en qué era el periodo romántico!  Vamos, después del neoclasicismo, época donde los sentimientos y pasión eran prioridad sobre la razón, etc. por hacer un resumen malo, no suena a algo? pero basta, me hace recordar que era casi el único que prestaba atención en clase de arte, mientras otros pensaban más en deportes y banalidades. Allá con los nipones, con lo memoristas que son, no me extrañaría que esto se lo pasasen por el culo solo por una nota aprobatoria en la boleta.




Al asunto, una cosa curiosa de la época romántica (y de todos modos se notaba desde antes) es la poca cantidad de conciertos para violín que se escribía en comparación por ejemplo con la otra estrella del plano solista: el piano. Hay una razón simple a eso, y es que un pequeño violín solista contra la masa orquestal... había que jugar y distribuir el peso sonoro en la orquesta sin que pierda la calidad. En el clasicismo era un poco más fácil, después de todo eran orquestas pequeñas (ni que decir del barroco), y aún así, Mozart (por ejemplo) solo compuso 5 conciertos, y 27 de piano.

En el romanticismo la cosa era menos incluso (la orquesta era enorme ahora), pero primero empezaré por decirte algo: entre los conciertos de violín, existen cuatro grandes conciertos cuya calidad, popularidad y dificultad son legendarias. Cuatro obras maestras del romanticismo que, justo por las propias características de la música romántica (ya sabes, su gran cantidad de pasión y sentimentalismo y reflexión personal), se vuelven cosas que llegan más fácilmente al entendimiento y disfrute del gran público. Si mal no recuerdo, estos cuatro nombres más conocidos y grandes son Beethoven, Brahms, Tchaikovsky y el citado Mendelssohn. Digo si mal no recuerdo porque no estoy seguro si era Brahms o Bruch. De todos modos para mí son cinco, porque el concierto para violín de Bruch es otra joya impresionante que procederé a reseñar en otro momento. Volviendo al hecho, la primera curiosidad es que ninguno de los cuatro compositores de esos cuatro concierto era violinista! exceptuando a Bruch, que se formó con violín y compuso tres conciertos para violín y ninguno para piano, aunque el más conocido es el N° 1. Decía, esos cuatro por supuesto conocían el violín (si componían), pero tocarlo y conocerlo de primera mano como un violinista en si no. Todos eran pianistas, directores y compositores, quizás por eso su entendimiento de la composición y la orquesta era tan amplio que crearon las luminarias que hicieron sin ser necesariamente de este instrumento.

Por supuesto que hay más conciertos para violín, pero no tan conocidos (y muchos yo tampoco escuché por supuesto). En este momento recuerdo en especial a Kreutzer, violinista, que compuso más de 10, pero no me han llamado tanto la atención como esos cuatro monstruos (y Bruch) que he mencionado. Ah si, otro genial que me encanta es el de Jean Sibelius, y no olvido a los rusos como Shostakovich o Khachaturian. Eso sí, tienen una armonía un poco más complicada, haciéndolos algo que requiere experiencia para entenderlos y sentirlos, de los que en especial le tengo mucho gusto a Khachaturian más que Shostakovich. Recuerdo cuando lo estudiaba, la armonía es una barbaridad, cambia tan pronto y de tales maneras que tocarlo en el violín es una vaina, pero tiene cierto aire en sus melodías que me encantan. Lastimosamente no lo terminé de estudiar por diversos motivos, habiendo solo culminado el primer movimiento y una cadenza horrorosa que me hizo sudar. La verdad prefiero la cadenza del violinista que lo estrenó, David Oistrakh, pero ya me fui por allí otra vez. Todos ellos (los cuatro) no compusieron mas que un concierto para violín (excepto Bruch), y si mas de uno para piano, aunque Mendelssohn tiene otro concierto para violín, pero es obra de juventud. Es la excepción, pero así iba la cosa, con  la orquesta ahora más grande y la inclusión de instrumentos potentes como los metales, era más complicado componer para instrumentos de sonido más modesto como el violín, o el cello. El piano estaba bien, su sonido se nota, además de ser potente, sino  mira el tamaño de esta orquesta.


Afinar esta vaina era una desgracia

Y ahora me centro en el concierto para violín. Mendelssohn no era violinista, así que (como hicieron muchos otros) se apoyó en un violinista para que le diera asesoramiento de la obra y la revisara. En este caso el que lo ayudó fue el violinista Ferdinand David, a quien justo Mendelssohn le había prometido el concierto en 1838. La obra tardó por asuntos de trabajo en Berlín, adonde fue llamado por Federico Guillermo IV de Prusia, y la terminó en 1844, estrenándola en 1845. Precisamente porque David estaba en tanto contacto con la composición de la obra, leí que esa cadenza puede ser de él y no del compositor, y abro un paréntesis para explicar.
La cadenza es una parte de los conciertos en los que el solista podía hacer maromas y monerías para demostrar su virtuosismo. En el clásico era común, pero en el romántico comenzaron los compositores a escribirla, por ejemplo, el concierto para violín de Tchaikovsky tiene su propia cadenza escrita por el, y Beethoven había escrito de algunos de sus conciertos para piano (no recuerdo cuáles), mas no en el de violín. Pero volviendo, el concierto para violín de Mendelssohn ya viene con cadenza propia, cosa novedosa en esa época, y ahí viene la posibilidad que la cadenza haya sido escrita por Ferdinand David, pero suena mas a leyenda, así que basta.
Bueno con el paréntesis. Decía, el concierto lo estrenó David, pero no con Mendelssohn como director, sino con Niels Gade, ya que Mendelssohn estaba enfermo.
El concierto tuve la oportunidad de tocarlo en orquesta, pero no como solista yo, sino mi maestro de violín. En este caso pondré el video del violinista Shlomo Mintz y dirigiendo la orquesta Zubin Mehta (el que dirigió a los tres tenores en su primer concierto). Para mí, la mejor versión que he escuchado de este concierto, sobre todo por la técnica del violinista, que es exquisita, suave y calmada pero intensa.



1.   Allegro molto appasionato





2.   Andante






3.   Allegretto non troppo – Allegro molto vivace







Un par de cosas que le den cierto contexto: el concierto innova en cierto modo al introducir al solista casi de inmediato (en el primer movimiento). Verás, eso no era muy común, lo común era una introducción de algo de un minuto para que la orquesta toque los motivos principales del concierto, y luego recién venía el solista, cosa que aquí no pasa.
Otro es que el segundo movimiento termina con un fagot tocando una nota larga, cuando era una pausa para el siguiente movimiento (así el público podía aplaudir), y el tercer movimiento hace casi lo mismo, ya que entre los dos últimos videos solo hay una respiración de pausa. Cosa novedosa en esa época.

El violinista que sale allí es sin lugar a dudas uno de mis favoritos entre todos los que hay. De hecho, y aunque no tiene mucho que ver con música, con este violinista y la postura y elegancia natural del violín, conocí ese instrumento y me motivé a estudiarlo. Lo que me encanta y resalto de su técnica es, como dije arriba, la suavidad con que toca. No se ve, como en violinistas jóvenes, una fogosidad que a veces se hace cargante de tantos así, sino una calma y donaire fabulosos, sin olvidar sus expresiones de placer al tocar, me hacen acordar de Itzhak Perlman cuando toca. Es en los Caprichos de Paganini donde más se ve eso.
Último dato que recuerdo haber leído de un libro, y es que Mendelssohn era alguien sumamente sensible. Si, ya sé que como artista sería lo común, pero en el era una sensibilidad tan clara que se exteriorizaba en sus actitudes, según como decía ese libro, sería algo raro incluso hasta en estos tiempos. Imagino que sería una persona muy de maneras dulces, sonreilón y hasta tocaría con las manos demasiado a otros. "Maricón a la legua" lo llamarían los críos de colegio, pero es una suposición mía, nada más. Lastimosamente vivió muy poco (38 años), y es inútil supones que hubiese creado con más edad y nuevas ideas que se gestaban por ahí (como Wagner), aunque eran de corrientes diferentes, los puntos de vista suelen cambiar.

jueves, 10 de enero de 2013